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DIRECCIÓN GENERAL DE UNIVERSIDADES E INVESTIGACIÓN, CONSEJERÍA DE EDUCACIÓN DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Al ciudadano le suele llamar la atención el que un grupo de personas se dediquen con tanta pasión a la investigación científica en nuestro país, una actividad menos remunerada que otras profesiones y todavía no suficientemente valorada por nuestra sociedad. Si preguntase a estos científicos acerca de las razones de su elección, unos le hablarían de impulsos más emocionales como la curiosidad, la búsqueda de ciertas claves de su existencia, la capacidad de asombro o la fascinación que conlleva la exploración de territorios incógnitos. Otros utilizarían argumentos más intelectuales como la necesidad de comprender el mundo y de colaborar en su transformación. Muchos de ellos descubrieron su vocación en los años de carrera universitaria, estimulados quizás por un profesor entusiasta y comunicador, una asignatura atractiva, un ensayo de laboratorio o un trabajo de campo.

Este capítulo intenta ofrecer al titulado universitario una guía para emprender su propio camino en ese mundo fascinante y enriquecedor que es la investigación científica. No es un camino fácil, pero representa una experiencia creativa y altamente gratificante. Tendrá una garantía segura: ¡no conocerá el aburrimiento!

Al mismo tiempo, el investigador presta un gran servicio a su comunidad. Hoy la ciencia y la tecnología constituyen un binomio indispensable con la sociedad. Necesitamos desarrollar nuestro saber científico para alcanzar un mayor bienestar material, ser más competitivos en el actual proceso de globalización económica, profundizar en nuestra cohesión y participación social, y, en definitiva, construir una ciudadanía plena de creatividad y valores éticos universales. Hoy día, en este mundo de incertidumbres económicas y sociales, la única ventaja duradera es el conocimiento. Incluso los desequilibrios sociales pueden ser vencidos, facilitando a los ciudadanos el acceso a la educación y al conocimiento.

Nuestra comunidad madrileña representa un buen ejemplo de los grandes beneficios obtenidos a través de la innovación científica y tecnológica. Madrid es la tercera capital europea por sus funciones metropolitanas, poseyendo los siguientes rasgos comunes a todas ellas: un sistema universitario avanzado, una cultura abierta y emprendedora, una gran concentración de agentes económicos y sociales, un mercado especializado de servicios y una gran capacidad de adaptación al cambio. A lo largo de la historia su condición de Corte y capital del Estado ha potenciado su apertura y cosmopolitismo. La mayor parte de la ciencia española se ha realizado en Madrid durante estos últimos siglos. El legado científico constituye sin duda un rasgo de su identidad cultural. La Comunidad de Madrid se encuentra hoy entre las diez regiones líderes en I+D de Europa y todavía ofrece muchas potencialidades en este terreno. Actualmente su producción científica sigue siendo la mayor de España, atrayendo cada día más a los jóvenes. Durante el curso 2005-06, la matriculación registrada en programas de doctorado ofertados por las universidades públicas y privadas de nuestra comunidad, ascendió a un total de 17.051 alumnos, representando casi el 24 % de la matriculación nacional en este ciclo.

En las páginas que siguen el universitario podrá encontrar orientación y ayuda en la búsqueda ordenada y completa de aquellos medios existentes para iniciar su carrera científica en España y el extranjero: fuentes de financiación, centros y equipos de investigación. Le ayudará a conocer las expectativas realistas que ofrece esta actividad a corto y medio plazo, así como a identificar sus propios objetivos.

Asimismo, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid en el marco de actuación del IV PRICIT, ha puesto en marcha la oficina de jóvenes investigadores, con el objetivo de facilitar a este colectivo su inserción laboral en los sectores tanto público como privado. Para ello la oficina traza su estrategia sobre dos líneas de actuación, tales como el programa de formación constituido por una serie de cursos especializados en orientación profesional, y la sección de empleo en I+D+i, destinada exclusivamente a personal investigador como herramienta que sirva de punto de encuentro entre candidatos y ofertas de trabajo procedentes de empresas, universidades y organismos públicos de investigación.

La primera cuestión que debe plantearse el candidato a investigador es sobre sus capacidades. No sólo tendrá que desarrollar las cualidades personales necesarias para todo ejercicio profesional, ya citadas a lo largo de este libro. También deberá potenciar aquéllas que atañen especialmente a una vida de estudio: constancia, paciencia, intuición, reflexión, síntesis, flexibilidad, apertura a la innovación y capacidad de comunicación escrita y oral. El lenguaje científico, con sus especificidades, es clave en este sentido.

Muchas técnicas comunes a otras profesiones le serán muy útiles: planificación del trabajo, organización de series de datos, manejo de idiomas -en donde el inglés debe ser prioritario-, y conocimiento de las herramientas informáticas habituales. Sin embargo, tendrá que familiarizarse con otras propias de la especialidad a elegir, algunas muy complejas.

En cuanto al proyecto de investigación futuro, suele ser mucho más que un simple tema. Es comparable a un árbol gigantesco, cuyas raíces pueden ser los inicios, el tronco el primer resultado de envergadura y madurez -generalmente la tesis doctoral para los que siguen la vida académica-, y las ramas los innumerables caminos de indagación que se le ofrecen posteriormente. La gestación de este árbol, en otras palabras la creación de una línea de trabajo, pueden ocupar toda una vida profesional. Por ello, es muy importante que se sepa elegir bien desde un principio.

En primer lugar, hay que decantarse por un tema novedoso o poco estudiado, con gran potencial de crecimiento y rentabilidad a medio plazo. Luego, el investigador en ciernes debe explorar su interior y comprobar si posee la motivación y las capacidades suficientes para llevarlo a cabo. Debe encontrar, finalmente, los centros y equipos de investigación que considere más oportunos para dar cobertura al proyecto.

Las herramientas de información a su alcance se encuentran en distintos niveles. Algunos profesores que ha conocido durante la carrera pueden representar una primera ayuda. También debe hacer averiguaciones con otros jefes de equipos de investigación en su propia universidad. Igualmente es útil un repaso general de las revistas especializadas y obras colectivas más importantes de la disciplina a elegir, donde pueda calibrar fácilmente el estado de la investigación en ese terreno. Por último, la página web constituye un poderoso instrumento de conocimiento. A través de la misma sabrá las principales ofertas de becas y contratos de investigación que existen en el mercado nacional e internacional, las instituciones científicas públicas y privadas en las que poder encauzar tu actividad, así como los programas de investigación en marcha.
La investigación, quizás más que otras profesiones, llevará al candidato a encontrar nuevos escenarios de trabajo -laboratorios, archivos, bibliotecas, nuevos actores -maestros, investigadores-, a romper sus moldes personales y abrirse al resto de España y el mundo. Surgirán también nuevas preguntas, nuevos retos. Las ramas del árbol de la ciencia son infinitas, capaces de llenar de frutos toda una vida profesional.

Sólo nos resta animar al lector universitario a emprender este camino, desearle los mejores éxitos en esta andadura y esperar que la información contenida aquí le sea de utilidad.

 
 

 

 

 

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